Libros, librajos y literatura.

jueves, 10 de julio de 2014

Un hombre acabado, de Giovanni Papini

Mientras más me internaba en la vida de este hombre acabado más me percataba de lo oscuro y patético de su personalidad, más me asustaba también pensar en los rasgos comunes. Un hombre que encuentra el consuelo en los libros, en la intelectualidad, a su terrorífica animadversión, correspondida, por el mundo no puede mas que, en un primer momento, generar curiosidad (además de despertar ternura, rechazo, lástima u otro sentimiento). Y es que sí, desde Gog se veía venir a un hombre definido por su capacidad crítica, que encuentra los puntos sobre las íes y también es capaz de deslumbrar al expresarlos. Un hombre acabado contiene algo de la literatura más poderosa que he podido leer. Cuánta oscuridad hay en sus páginas, en su alma, en las nuestras, y sin embargo dice amar al hombre.
Gog me había parecido extraordinario, pero esta confensión de Papini, es difícil creerlo, llega mucho más allá. Es una salvajada. Gog me encantó y divirtió, mas lo que allí hay de provocador en Un hombre acabado es otra cosa, es seriedad ante el tema más importante: el yo mismo. Hasta solté alguna lagrimilla en más de una ocasión, sobre todo al inicio. Tan solo imaginar esas características que confiesa, como adulto, pero en un niño, es desolador, triste. Y no, no se trata de un niño terrible sino de un niño aislado por su propia inteligencia. La maldición de un don, de uno de los más bellos a que como hombres aspiramos. Y lo increíble es que Papini es el mismo de niño que de hombre, la misma hambre de conocimiento, las mismas empresas desmesuradas y el mismo ostracismo. ¿Hay una evolución en su ser, más allá de que su curiosidad e interés lo hagan explorar asuntos diversos en distintos momentos de su vida? Yo creo que no. Papini es monolítico.
Desde mi muy humilde perspectiva Giovanni Papini representa uno de los picos intelectuales, tanto por su erudición como por su afán de criticar, que nos hace acordarnos de lo diminutos, de lo tan simplemente hombres, que somos. Porque en el fondo su pensamiento, que no su sentimiento, ni siquiera es tan radical como para espantarnos y para esto basta, como lector, hurgar un poquito hacia dentro y notar lo parecidos que somos. Somos, a final de las cuentas, presos de la misma cárcel, de ese padecimiento y bendición que es ser humano. Y sin embargo, él, yo ni nadie estamos solos. A lo mejor debería añadir esto a la descripción de este blog, "leer, hermana".
Su intensidad para vivir parece resultado de pensar y, más que de repensar, de rumiar los propios pensamientos hasta intensificarlos tanto como para convertirlos, de meras ideas, en la propia carne, y trágicamente atestiguar como luego de todo el proceso permanece, insalvable, una discordancia con la realidad de la vida. Ese divorcio natural que a veces es tan difícil de aceptar y que ha llevado a la locura a más de un pensador, en Papini aparentemente tuvo una mejor salida. Como él mismo menciona, "escribe para desahogarse".
Además de todo, Un hombre acabado, es una invitación a leer. A leer, a reflexionar y a pensar en la vida. A vivir más intensamente, más concienzudamente. Creo que, de haberlo leído más joven, pudo causarme una mayor influencia porque hoy más que dicha influencia lo que genera en mí es un sentimiento de profunda admiración, por él , Papini, y su obra.
Lo terminé en la madrugada y apenas he podido dormir. Estoy pero que si me hubiera tomado una jarra de café. Peor que el café antes de dormir es leer algo así de inquietante, y eso que traté de llevármelo despacito. Como he comentado en otras ocasiones, a uno se le hace más soportable la existencia, vive con más tranquilidad, sabiendo que tipos como Giovanni Papini, tan geniales como atormentados, han pasado por esta misma tierra en que ahora nos toca vivir a nosotros.

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